Estudio: ¿virus por el aire? Consejos para reducir el contagio en fin de año

Cuando se trata de pedir la aprobación para permitir ciertas actividades o se planean medidas de flexibilización, una de las afirmaciones que se oye a menudo en las noticias es: “Se llevará a cabo con todas las medidas de bioseguridad”; por ejemplo, para retornar a clases presenciales en escuelas o universidades. Con base en las recomendaciones de las autoridades de salud, tanto nacionales como internacionales, estas medidas de bioseguridad se refieren fundamentalmente a tres acciones: lavarse las manos con jabón frecuentemente, usar mascarillas (barbijos) y mantener distancia física de unos dos metros.

La frase “si se cumplen las medidas de bioseguridad”  pareciera implicar que si se siguen las recomendaciones mencionadas no habría más contagios. El gran problema es que aún si se cumplieran de manera rigurosa y “perfecta”,  dichas acciones (cosa que no ocurre) habría igual contagio, aunque   sería, ciertamente, menor que si no se siguen las tres acciones mencionadas.

Lo ideal sería pasar las fiestas de fin de año sólo con la familia  más cercana (con la que uno vive) pero, si no podemos abstenernos de organizar la cena o chocolate de Noche Buena, o el almuerzo navideño, debemos asegurarnos de ventilar lo mejor posible el ambiente donde se lleve a cabo la reunión, por más que haga frío. No es bueno cerrar el ambiente con plásticos.

Para entender mejor esta afirmación, debemos recordar que existen tres formas de contagio, aunque no todas tienen la misma importancia relativa. Desde el inicio de la pandemia, organizaciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS) han identificado la transmisión vía gotículas, que son pequeñas pero visibles partículas de saliva o líquido respiratorio (del orden de una centena de micras o más, similares al grosor típico del cabello humano) como la forma más importante de transmisión de la enfermedad.

En general estas gotículas son expulsadas por una persona cuando esta habla, estornuda o tose. Si la persona está infectada, estas gotículas transportan al virus que al impactar en el interior de los ojos, fosas nasales o boca de otra persona terminan contaminando a esta última. En este caso, la distancia física ayuda a reducir esta forma de contagio, pues estas gotículas, a pesar de ser pequeñas, son lo suficientemente grandes para caer rápidamente al suelo por gravedad.  La otra forma de transmisión, que ahora se acepta que no es tan importante, se da al tocar superficies contaminadas y luego tocar con las partes contaminadas (típicamente las manos) los ojos, nariz o boca. El lavado frecuente de manos con jabón reduce esta forma de contagio.

Guarde la distancia  física de más de un metro con las personas, incluso  con sus familiares.

La tercera forma de contagio, sin embargo, no fue aceptada inicialmente por las organizaciones de salud. Partículas en suspensión en el aire, denominadas “aerosoles respiratorios”, más pequeñas que las gotículas que salen de nosotros al respirar, hablar, toser  o estornudar  pueden también transportar al virus que produce la Covid-19 (y otros virus, por supuesto). La gran diferencia con las gotículas es que los aerosoles, como el humo de un cigarrillo (que es otro aerosol), pueden permanecer suspendidos en el aire por varias horas, pudiendo ser transportados distancias más grandes e inhalados a través de la respiración, infectando así a las personas aún si estas no se encuentran en proximidad estrecha con alguien infectado.

Actualmente existe abundante evidencia científica que soporta que este “humo invisible” es muy importante en la transmisión de la enfermedad, y probablemente es el dominante. Un caso emblemático fue el contagio ocurrido en un coro en el  estado de Washington, en Estados Unidos. En un ensayo, en el que participaron 61 personas, 53 resultaron contagiadas, pese a que la persona portadora del virus, el paciente cero, prácticamente no interactuó con nadie, pues sólo cantó y se marchó. La única forma de explicar este supercontagio es que los aerosoles expulsados por este paciente quedaron suspendidos en el aire y que durante las 2,5 horas que duró el ensayo,   fueron inhalados por todos los miembros, pues no había buena ventilación.

Use el barbijo  todo el tiempo, cubriendo su nariz y su boca,  y procure no tocarlo si no tiene las manos desinfectadas.

Pero, ¿por qué esto no fue aceptado al principio? Tal vez porque las ciencias que estudian la transmisión de enfermedades (relacionadas a la salud humana) y las que estudian a los aerosoles (relacionadas principalmente a ciencias atmosféricas) trabajaron por mucho tiempo de  manera separada. También pudo haber influido el hecho de que la ciencia e instrumentación relacionada a los aerosoles se ha desarrollado fuertemente en las últimas décadas, mientras que la transmisión de enfermedades por el aire se consideraba casi imposible,  basada en datos del siglo XIX. Como fuere, existe hasta hoy cierta “resistencia” a aceptar la importancia de los aerosoles como agentes de transmisión del virus que producen la Covid-19.

La importancia de estas discrepancias va mucho más allá de la discusión científica. Para reducir la transmisión de la enfermedad es muy importante tomar en cuenta la que probablemente es la principal forma de transmisión. Si estas pequeñas partículas pueden transportar virus más allá de los dos metros, que es la separación recomendada por el distanciamiento social, entonces otras medidas deben ser urgentemente implementadas.

Lávese las  manos   constantemente donde esté  o use un  alcohol en gel o  líquido para  desinfectarse. No se toque  la cara ni los ojos.

Podemos usar al humo del cigarrillo  como una referencia para entender mejor cómo funciona el mecanismo de transmisión y, por tanto, determinar lo que se puede hacer al respecto. En un ambiente cerrado, alguien que fuma un cigarrillo puede representar muy bien a una persona infectada con el coronavirus  y el humo representa a los aerosoles que pueden transportar al virus. Si estamos muy cerca de esta persona que fuma  está claro que inhalaremos grandes cantidades de humo y, por tanto, estando cerca de alguien infectado corremos el riesgo de adquirir una gran carga viral. Por eso la distancia social es muy útil para reducir el contagio.

Por el contrario, si nos hallamos lejos de la persona, pero aún dentro del cuarto cerrado, al principio no aspiraremos mucho humo, pero si nos quedamos un rato largo en el mismo ambiente, sin renovar el aire del lugar, y con la persona fumando continuamente, prácticamente no habrá lugar del cuarto donde no llegue una cantidad importante de humo (y por tanto de virus). Esto significa que en un ambiente cerrado y sin ventilación la probabilidad  de contagiarse es mucho más alta que en un ambiente ventilado o, mejor aún, que en ambientes exteriores.

Por ejemplo,  si almorzamos  en el patio con alguien enfermo, la posibilidad de contagiarnos es unas 20 veces menor que si lo hacemos dentro de  la casa, especialmente si en esta no hay ventilación. Por ello, debemos pedir mantener las ventanas abiertas en ambientes como los minibuses de transporte público a fin de minimizar la probabilidad de contagio. Aquí es necesario puntualizar que los choferes son quienes más tiempo se encuentran en sus vehículos y, por tanto, son quienes tienen la mayor probabilidad de contagio.

Lo anterior significa que la principal medida a tomar para ambientes cerrados es ventilarlos adecuadamente. Asimismo, se debe tratar de limitar el número de personas que se encuentran en este tipo de ambientes (cerrados), se debe intentar reducir el tiempo de permanencia en estos espacios y/o filtrar el aire de estos recintos.  Mejor aún, sería recomendable mover la mayor parte de las actividades que se realizan en ambientes cerrados a espacios exteriores cuando sea posible.

Por lo expuesto, no parece muy recomendable volver a clases de manera presencial mientras la vacuna no haya llegado al país. La mayoría de las aulas, al menos en la región andina, no tienen buena ventilación por lo que tener a varias personas juntas en estos ambientes, aun con distanciamiento social y usando barbijos, es una receta para incrementar el número de personas infectadas, sea en el caso de clases presenciales o semi-presenciales.

Puesto que las fiestas de fin de año están muy cerca, es importante insistir en el tema de la ventilación a fin de reducir los contagios intrafamiliares y entre los círculos de allegados más cercanos (que probablemente sea la forma más dolorosa de contagiarse o de contagiar el virus). Lo ideal sería pasar las fiestas sólo con la familia más cercana (con la que uno vive) pero, si no podemos abstenernos de organizar la cena o chocolate de Noche Buena, o el almuerzo navideño, debemos asegurarnos de ventilar lo mejor posible el ambiente donde se lleve a cabo el evento, por más que haga frío. Si es posible, es mejor organizarlo en el patio o terraza. No es bueno cerrar el ambiente completamente con plásticos, como se hace  en muchos restaurantes, pues eso permite al virus acumularse.

Finalmente, debemos remarcar que no hay ninguna medida que garantice totalmente que no nos contagiemos de la Covid si tenemos interacción con otras personas. De lo que se trata es de reducir las probabilidades de contagio lo más que se pueda. Para ello se debe seguir usando barbijos (correctamente), lavándonos las manos con jabón, practicando distanciamiento social y, sobre todo, se debe tratar de evitar permanecer mucho tiempo en ambientes cerrados y sin ventilación.

Marcos Andrade es investigador del Laboratorio de Física de la Atmósfera de la Universidad Mayor de San Andrés y José Luis Jiménez es profesor de la Universidad de Colorado.

Página Siete